lunes, mayo 05, 2008

¡Buffffff!

Hace un par de años nos juntamos para cenar 4 amigos. Viejos amigos. Tres seguimos viéndonos casi todas las semanas y al cuarto sólo le vemos cuando viene a España o estamos en Italia, que no es lo habitual. Él tomó un camino distinto en la vida y vive en Roma. Es sacerdote del Opus Dei.

La cena, como siempre, fue genial y las conversaciones alcanzaban los puntos de vista más diferentes y lejanos, pero en el trasfondo cercanos. Porque los Valores Auténticos son los mismos. Siempre. Se miren desde donde se miren.

Decía que los cuatro éramos y somos: un cura del Opus Dei, un agnóstico convencido, un ateo dudoso de todo y un católico practicante poco cercano al Opus. Los puntos de vista sobre las cosas eran de lo más variado. Claro.

Hablamos en aquella cena del demonio y el infierno, y aunque yo no crea que el castigo sea lo esencial en el cristianismo, sino el Amor de Dios; el amigo sacerdote nos dijo que aunque él no es especialista en esos temas sí existen.

Hoy, viendo la foto de Joseph Fritzl, que secuestró y violó a su hija durante 24 años, tuvo 7 hijos con ella y quemó el cadaver de uno, sí creo que hay gente que es un demonio. Por lo menos cara de malo tiene, y la cara es el espejo del alma. Dicen.


Foto de Fritlz Daily Express.
P.D. María, no, no me había tragado la tierra, aunque casi.

viernes, abril 04, 2008

Pepín Liria

Después de este silencio más obligado que largo me atrevo con un post valiente. Mucha gente no lo entenderá, de España y de fuera. No me entenderá. Pido disculpas, si hubiera que hacerlo.

Sí, me gusta el arte de la lidia de los toros. Claro, con seriedad, no las salvajadas. Pero eso es ir en la otra dirección en el mundo de hoy. Una vez leí en un blog que las personas somos un cúmulo de contradicciones. Ésta es una de las mías.

Ayer en La Plaza de la Maestranza de Sevilla el torero Pepín Liria estuvo inmenso y valiente, casi loco. Y es en la plaza donde hizo cosas que no sabe que hizo. Los toros matan, parecía que el torero quería hermanarse con él para la eternidad en el baile de muerte. Por eso mi entrada en el blog.

Recibió al segundo de su lote a porta gayola (imagen del video) y justo antes del encuentro el toro se le paró y le embistió. Tras el revolcón se levantó como si nada hubiese pasado y dio una serie de verónicas magistrales.

Y la plaza sevillana se convirtió en un volcán, en un manicomio.


P.D. El video del momento ya está en Youtube. Claro.
Si tienes interés en verlo pincha aquí, no he querido mostrarlo directamente para respetar a quien no quiera verlo.

miércoles, marzo 19, 2008

Cinco años

No sé si los Medios de Comunicación se acordarán de que hoy se cumplen 5 años de la nefasta invasión de Irak. Hoy parece que media España está más pendiente de las vacaciones de Semana Santa que ya asoman y de descansar en estos días que vienen.

Como dije, un día como hoy de hace 5 años el ejército estadounidense se puso en marcha para ocupar el país y retirar del poder a Sadam Husein. Pero los objetivos estratégicos que se dieron a la ONU para justificar la agresión no se han cumplido.

Nunca se encontraron armas de destrucción masiva, desde que se inició la invasión han muerto decenas de miles de iraquíes y más de 4.000 soldados estadounidenses; la democracia en Irak es una utopía y no se ha logrado estabilizar Oriente Próximo, dos de las razones de peso dadas al Presidente español y británico en las Azores para apoyar la guerra en su día. A día de hoy, con lo que ha llovido, no se han cumplido ninguna de estas dos cosas.

Y lo que es peor, el mundo hoy no parece más seguro que hace cinco años.

Motivos suficientes existen para recordar triste todo esto en mi blog, a cinco años del horror. Si la guerra fue un inmenso error, con la posguerra en Irak ha venido la degradación humana.





viernes, marzo 14, 2008

El Mayflower

Allá por 1550 cuando Fray Luis de León volvió a su cátedra a impartir clases en la Universidad de Salamanca, tras pasar 4 años en la cárcel, éste empezó diciendo a sus alumnos "decíamos ayer."

Claro, yo ni soy fray Luis de León, ni doy clases en la Universidad de Salamanca, ni he traducido nunca la Biblia a una lengua vulgar -el castellano; ni siquiera ahora eso sería delito ni mucho menos vulgar. Pero me siento después de esta larga pausa en el blog como él. Decíamos ayer, dijo fray Luis...

Pero es que hay veces que uno no escribe la letra pequeña de su vida, lo pequeño se hace grande o lo grande pequeño, y no haces las cosas que más te gustan.

Uno lleva varios días viendo informaciones sobre la dimisión del Gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, por estar involucrado en un asunto de prostitución con una jovencita llamada Kristen. No sé si la cosa es para dimitir o no. Bueno, sí lo sé; aunque no quiero entrar en ello.

El comentario de hoy es sobre el hotel Mayflower de Washington y no sobre el gobernador. Tan cariñoso él con sus amiguitas. Yo no sé qué tendrá ese hotel, como si fuera el único de toda la ciudad.

Me llama la atención que los lances amorosos del Gobernador fueran allí. El mismo hotel donde estuvo hospedada Judith Campbell, una de la amigas con derecho a roce de Kennedy.

También fue allí donde los investigadores tramaron la encerrona a Monica para que contara cómo le daba candela al fogoso de Bill.

Y ha vuelto a ser en la habitación 871 del Mayflower donde se ha producido el suicidio político de Eliot Spitzer. Claro, previo alivio de sus más bajas pasiones.

Y digo yo, qué tendrá ese hotel.

No me extraña que en la publicidad del Mayflower se diga que es la segunda mejor dirección de Washington después de la Casa Blanca. Sobretodo cuando vivía en ella Billy el Fogoso...

Foto: web hotel Mayflower

martes, febrero 26, 2008

Javier Bardem

Quienes me leen hace años saben que no soy una persona sospechosa de estar a favor de la guerra en Iraq, la pena de muerte que aún existe en algunos estados, la política exterior, las sociales o de inmigración de los Estados Unidos.

También saben que no soy persona que le guste hablar mal de nadie. Cuando no entiendo procuro ponerme en su lugar para tratar de entender. Pero lo de Javier Bardem no hay quien lo entienda.

Soy europeo. Me gusta ser español, ser latino, y pese a los problemas que hay aquí, lo prefiero a lo que se llama american way of life. A orillas del mar Mediterráneo desde hace casi 4.000 años los hombres han inventado, con sus aciertos y sus defectos, el mundo que tenemos hoy. Y cuando alguien me hablan de los errores históricos del pasado pienso qué habría ocurrido si lo hubieran hecho los otros. Probablemente hubiese sido igual. Ya dije, me gusta ser español.

Pero lo que es admirable del pueblo norteamericano es que hayan dejado entrar en su país al actor español Javier Bardem para recoger un Oscar al mejor actor de reparto. Él ha dicho en público varias veces que es antiamericano, anti republicano de Bush y amigo de Chávez, Fidel y sus muchachos. Ahora digo yo que ésa es la grandeza del país norteamericano: quien trabaja triunfa, piense lo que piense y diga lo que diga.

Aunque, claro, a algunos si les dan el oscar les entra un ataque de mala memoria, se tragan sus palabras y no hay nada mejor que ir a Estados Unidos a recogerlo. Impresentable.


Foto: AHeron

sábado, febrero 16, 2008

La fragua de Vulcano

El Museo del Prado es una de esas pinacotecas que los madrileños hacemos más caso sólo cuando vienen a Madrid amigos de fuera de la ciudad. Y, claro, hay que visitarlo. Es impresionante.

Tan impresionante como la última vez que lo dejamos; pero siempre se percibe un nuevo matiz, un nuevo color, una nueva luz. Y uno se reprocha cómo es posible que no tengamos más tiempo para ir más a menudo.

En ésas estábamos ayer con unos viejos amigos que habían venido de Barcelona. En la sala de Velázquez, viendo su Fragua de Vulcano. Uno de mi cuadros favoritos, no me canso de él, de observarlo. De mirarlo.

Se nos acercó una pareja joven recién casada, que estaba de viaje de novios por Europa y nos dijeron si podían unirse a nosotros. Si podíamos explicarles con nuestras conversaciones algo de lo que íbamos viendo. Me gustó hablarles de mi pintor preferido, de la fragua, de su perfección o de su incandescencia casi real. Los dos eran invidentes.

Él era invidente desde que nació, y ella por un accidente de tráfico sufrido de niña en su ciudad, Atlanta.

Así se nos pasó la tarde, eran simpatiquísimos. Por la noche nos invitaron a cenar por la amistad que trabamos.

Y nos enseñaron que la pintura se puede apreciar también por un olor, por la reacción que provoca en los demás, por la palabra o por un sonido en la sala.

La próxima vez que vaya al Museo del Prado voy a observar mi cuadro favorito con otros ojos. Los de la piel, los del entendimiento o los de oír...

lunes, febrero 11, 2008

Un viaje en tren

Ayer volvía de Valencia en tren. Era mediodía. A mi derecha sentados una joven pareja, y en frente se sentó un niño de unos diez o doce años con aspecto aseado. Iba solo.

Subió al tren en Valencia acompañado por su madre. La señora dijo buenos días, lo dejó sentado en su asiento y le dio unas instrucciones en voz baja. Después, antes de abandonar el vagón, nos dirigió con un adios una sonrisa a quienes quedamos como acompañantes de viaje del muchacho. De esas sonrisas que no piden nada, pero que a cualquier persona decente la comprometen más que un ruego o una petición.

Después vi a la madre hablar con la auxiliar del tren, se bajó y despidió al zagal lanzándole un beso a través del cristal de la ventanilla.

Era un niño normal, como todos lo niños españoles de ahora. La diferencia estaba en el aspecto, en su indumentaria y en sus modales. En vez de lucir sus pantalones tejanos desgarbados, las zapatillas deportivas viejas y la gorra de rapero -cosa lógica por otra parte, si muchos padres visten así-, iba bien peinado y aseado, llevaba un pantalón gris, zapatos de piel negros bien limpios y un jersey azul claro. Un aspecto agradable a la vista de todos.

Ya con el tren en marcha, llegó el revisor. El niño dijo buenos días, sacó su billete y le hizo unas preguntas que le había encargado su madre respecto a la comida que nos iban a servir. Con un gracias se despidió de él. No puede ser, demasiado perfecto y demasiado educado; me dije.

Al fin llegamos a Madrid, a la estación de Atocha, el niño cogió su mochila, se puso en pie, nos dirigió otra sonrisa y tras un buenas tardes se bajó del tren. Lo vi alejarse ligero por el andén, donde lo esperaban su padre y una niña que parecía su hermana. Eso fue todo.

Un niño normal, como dije. Un niño correcto, aseado, educado; un niño de los de toda la vida y no de los de ahora, que parece que se han caído de una película de Spielberg o de esas...