
Estaba la otra noche viendo en televisión el accidente de metro ocurrido hace unos días en Roma, en el que han habido 235 heridos y una mujer fallecida.Y rápidamente lo asocié con el blog de Marce y el de su chico, Massimo, porque viven allí.
Claro, cuando se vive lejos de la ciudad en cuestión, aunque sabes que lo lógico es que tus conocidos no hayan vivido directamente la experiencia, siempre piensas en ellos. Recuerdo cuando los atentados de Madrid la cantidad de amigos de fuera que me llamaron para saber cómo estaba. Tengo que reconocer que, aunque trabajo a quinientos metros de la explosión del tren de Atocha, sólo recuerdo que perdimos la cobertura de los teléfonos y las sirenas de los servicios de emergencia rondando de aquí para allá durante toda la mañana. Esa fue toda mi cercanía a tan repugnanes atentados, pero quien vive lejos de Madrid quería saber si los había vivido en primera persona.
Con los blogs en que eres asiduo lector acabas teniendo una relación especial. No eres ni familiar, ni amigo, ni existe ningún tipo de relación más que la de leer y saber qué y cómo piensa la persona que lo escribe. Que es ese acantilado en el que se quiere naufragar en ese ratito o esa playa a la que arribar cuando estás cansado tras un rato de trabajo duro o en esa odiosa larga noche de insomnio.
Recuerdo también otros blogs que te dejan huella como el de Azzu que tiene un humor muy inteligente, muy personal. O el de la médico chilena Vale, tan imprevisible y explosivo. En cuanto al de la argentina Gaby puedo decir que es la chica que siempre se despide con un beso cordobés.
Digo yo, que los besos son todos iguales. Es la única cosa del mundo en que quieren decir lo mismo allá donde se den. En una tribu remota de Papúa o en Nueva York o en Pekín. Pero ese beso cordobés o ese besorrio como dice Azzu que yo le digo quiere decir que me gusta que escribas, que me gusta tu blog y que eres mi amiga.