sábado, enero 07, 2006

El AX blanco y mis zapatos


Leyendo el otro día un post muy gracioso de Eat desserts -la come postres- y su historia con su automóvil me ha recordado la historia que paso a contaros.

Corrían aquellos años locos de Universidad en los que yo tenía aquel viejito Ford Fiesta que tanto corrió por las carreteras españolas. Por aquella época tonteaba con una chica, excelente por cierto, que conducía un pequeño Citröen AX blanco. También en aquel entonces, como diría Vale, un coche de mina no más; hoy ya no.

Como la chica en cuestión lea este post algún día me mata. Hoy es una buenísima esposa y madre de tres geniales niños. Por supuesto esposa de otro, y madre por el mismo señor que no por mí. ¡A ver qué se piensan!

Bueno, la cosa es que su auto andaba medio estropeado varios días y en el taller no le daban solución. Yo, claro, con mis conocimientos de mecánica nulos, la necesidad en aquellos años de hacerme el machito y solucionar el problema ante ella y mis recientes conocimientos de Derecho, que entonces eran pocos pero yo me creía el mejor Jurista de la Tierra, quedé con élla para ir a la mañana siguiente al taller central de la Citröen en Madrid. Temprano, eso sí.

Al llegar allí y tras media hora de discusión con aquel jefe de mecánicos veo que empieza a ponerme caras raras y a observar mis zapatos. Supongo que él tenía esas discusiones a diario y estaba más experimentado en éllas que Beckham tirando penaltis. El caso que debía estar haciéndome era el mismo que mis conocimientos sobre mecánica. O sea, nulo.

La cosa es que después de ver sus caras como de estar jugando al póker con un misionero cojo mientras hablábamos de la avería y de no quitarme ojo a los zapatos, me miro y llevaba puesto un zapato distinto en cada pie. Claro, la vergüenza fue tremenda. Creía morirme.

En mi descargo debo advertir que sí eran del mismo color. Y que la chica en cuestión siguió siendo mi chica algún tiempo. Pero las risas a mi costa duraron después muchos meses.

Por supuesto no he vuelto en mi vida por ese taller, y creo que desde entonces no me gustan los coches marca Citröen.

¿Qué otras cosas te han hecho sentir el ridículo más grande de tu vida?

P. D. Aunque el mecánico se creyera que yo estaba mal de la cabeza nos arregló el coche. Por cierto.

10 comentarios:

Srta. Lee dijo...

Jajaja..notable tu historia, niño.

La verdad no recuerdo algún hecho memorablemente ridículo, sin embargo, cuando chica era súper vergonzosa de puras tonteras, por suerte ya no tanto :P

Abrazos!!

Laura dijo...

jajaja, pues te cuento nachito:
estaba yo en una disco y mi amorcito fué en busca de unos tragos, como demoraba un poquito decidí alcanzarlo y bueno lo alcancé a ver, su espalda ancha, su corte de pelo que deja ver su nuca,él estaba de espaldas con su camiza azul,en la barra, entonces lo abracé, le tapé los ojos y le dije al oído algo que no repetiré aquí, entonces ahí noto su sorpresa y rigidez y un perfume diferente y se da vuelta y ovbio que no era mi amor, y el muy pícaro me contesta que acepta mi invitación y me hace un guiño, jejeje pero ovbio que se dió cuenta que me había equivocado, por como me quedé de piedra jajaja, y ahí apareció mi amor con sus tragos al rescate y te cuento que por suerte nunca lo he vuelto a ver.
besote gordote
Y sí...que rico calor por aquí jejejejeje

Verónica Reyes Serra dijo...

Jajajaja
Que buena historia.

A mi me ha pasado que, durmiendo, me he puesto
zapatos distintos, pero me doy cuenta justo
en el momento.

Moraleja: caminar es más sano que andar en auto.

saludos, Nacho.

Bohemia dijo...

Ufff yo tengo muyb agudizado el sentido del ridículo...jejeje

eat-desserts dijo...

Me encanta como escribes, tú si que eres gracioso. Yo nop.
A mi amiga Lorena le pasó lo mismo, fue a trabajar con botas del mismo modelo pero de distinto color porque se vestia con la luz apagada.

A mi, pfffff me han pasado muchas cosas. Soy experta en meter las patas pero ponerme zapatos distintos no porque cuando chica soñaba que iba al colegio con 1 zapato. Desde ese dia siempre me miro los pies antes de salir.

Pensaré en estas historias y las postearé jejeje

saludos Nacho (pd: echo de menos a Cecica!)

Nacho dijo...

SRTA. LEE: seguro que tienes ocho mil historias de ésas, pero no quieres contárnoslas de pura vergüenza que te da. Oye, qué más da, si esto es un medio que nadie se entera, muy privado; y total, sólo lo va a leer media Humanidad, 2.500 millones de chinos, la Blogosfera y su abuela. Cosas del Mundo Global.

Oye, yo por culpa de este post la gente se va dando codazos y me señalan cuando me ven por la calle.

Me han mandado mensajes de apoyo desde el Katmandú.

LAURA:Creo que el chico ése está todavía que ni se lo cree. Debe ir por las esquinas diciendo "Alá es grande...y gracias".

Bueno, besote enorme.

VERO: Lo mejor,tu moraleja. Mmmmmm.

BOHEMIA: yo desde aquello no tengo ya ni vergüenza. Sólo me queda ir en gayumbos saltando en una carroza el día del orgullo gay.

P.D. Conste que no tengo nada en contra de éllos.

VALE: yo también echo mucho de menos por acá a Ceciceci.
Besorrios.

Carly dijo...

jajaja que eres lindo. Yo la verdad es que he pasado tantas "planchas" en mi vida que no voy acontar ninguna...ni siquiera la peor...que es de lo peor.

Dulcis-e dijo...

Qué cosa tán graciosa...
Yo un día de esos pesados de mujeres , de ir de tiendas, acabe tan harta, que me puse en el probador el vestido al reves ... y me dí cuenta cuando estaba metida en un autobús... Qué corte...

:) besitos dulces

Nacho dijo...

CARLY: ¿cómo que no vas a contar nada? Lo peor de lo peor son las planchas que me he lllevado yo por ahí. O sea, cuenta.

¿Qué digo yo? Son lo peor de lo peor de lo peor. O sea lo pluscuampefertísimopeor.

DULCIS: Ahhhh, ¿eras tú la del traje del revés en el bus? Ejem ejem.

Benito Bercimueles dijo...

yo tu tenia un r-5 blanco