miércoles, septiembre 07, 2005

Un cuentecito


Me senté a leer un poco de novela y a ver pasar la vida mientras tomaba un cafetito en una de esas terrazas que hay en la Plaza Mayor. Mareado de palomas, turistas y palabras. Y apareció un muchacho inmigrante de unos 15 años ofreciendo sus servicios de limpiabotas en la mesa de al lado.

El chico, príncipe del betún y artesano de la sonrisas y de las miradas, se puso a limpiarles los zapatos a un matrimonio de norteuropeos que estaban allí bebiendo con glotonería sus cervezas heladas, como si fueran las últimas y el mundo se fuera a acabar mañana.

Así que ni leer mi novela ni nada, estaba yo sin quitarle ojo al personaje. Y fue en ése momento cuando, en su tarea, se secaba con el dorso de la mano manchada de betún el esfuerzo de su trabajo y de dignidad que le caían desde la frente por la nariz mientras les daba brillo a los zapatos.

Cuando terminó con los dos turistas se irguió y sonriendo les dijo que eran cuatro euros , y ellos cumplieron generosamente con el muchacho limpiabotas. Su esfuerzo, su dignidad y su orgullo estaban allí en esos cuatro euros. Duros como doblones de oro.

Ahora le tocaba mi mesa, así que cuando se acercó a mí le invité a tomarse un refresco y un sandwich, a que me contara en un penoso inglés algo de su historia. La de todos. Y me enseñó también que una persona es algo más que un país o una clase social. Sino su presencia, su conciencia y su profesión. Que lo poquito que ganaba se lo mandaba a su madre en no sé qué país africano.

Y me enseñó que la inmigración es algo más serio que permitir que un muchacho limpie unos zapatos. Porque así se podrán ganar continentes pero nunca los cien metros del día a día.

Cuando se terminó su bocadillo y la Cola, por cierto casi con más ansia que los turistas de las cervezas, dijo un goodbay que bien pudo ser un thanks you, un gemido o una complicidad y continuó con la mesa de mi derecha.

Y yo volví a mi Código da Vinci, a mi cafe y a lo mío. Aunque el muchacho siga sin oportunidades, como en una estación de cercanías por la que no pasa ningún tren.

6 comentarios:

Srta. Lee dijo...

Qué ganas de tener esas conversaciones fortuitas, son como sacadas de película, y se aprende tanto del otro...
Y qué envidia ver la foto del post...me dieron ganas de estar allá :P

Saludos!

Nacho dijo...

Bueno, no es necesario ver la Plaza Mayor sólo en foto. Eso se arregla haciendo vuestra próxima comida de chicas bloggers en Madrid. Yo reservo la mesa. Pero claro, espero que no sea únicamene de chicas y me invitéis.

Un saludo, SRTA. LEE. Tu blog, mmm, ¡GENIAL!

Carly dijo...

...Yo me inscribo! mi sueño es ir a europa...:(

En fin, está genial lo que contaste y que además habla muy bien de ti como persona.

Y con respecto a tu comment en mi blog...no, no le quité el novio a nadie, ni nada de eso...es que doy mi examen de grado el martes (para titularme como químico farmacéutica) y estoy que me muero de los nervios.
Besotes!

Nacho dijo...

carly, que tengas una explosión de suerte en tu examen.
Ya verás todo va a salir genial¡!
Mil besorrios gordos.

Carly dijo...

lindo precioso! muchas gracias..
(oye, le puse un 7 al novio de la srta Lee, porque acá en Chile un 7 es como un 10 en otros lugares, la calificación máxima)

;)

Nacho dijo...

Entendido. Tiene un siete, pero si el Título lo queremos homologar en el Ministerio de Educación español sale 10.